miércoles, 29 de enero de 2014

la vida se vive o sintiendo, o pensando, no las dos a la vez.

Hay veces que te pones delante del ordenador, tocas las teclas, y tus dedos piden escribir. Te dicen que tienes que escribir, da igual qué. No tienes ideas en la cabeza, ni nada por lo que quejarte o desahogarte, pero simplemente te lo pide. Necesitas escribir, sobre lo que sea, mientras pones una canción y la disfrutas con el alma. Empiezas a cantarla, mientras disfrutas escribiendo, tan rápido como lo sientas. Y hay veces que lo necesitas, aunque no tengas razones, para pensar, para evadirte, para sentirte bien. Respiras hondo, sientes la música al compás de las letras. Te sientes fresca y nueva, con la mente en blanco, sólo pensando en las letras que sientes cada momento. Sin pensar que nadie las leerá, porque son para ti, sin pensar que en realidad no hay nada razonable escrito, solo rozar las letras y escribir, escribir...y sentir. Y entonces, estás feliz. Piensas, sólo estoy escribiendo para disfrutar. No voy a escribir porque estoy mal o porque quiero decir algo. No, sólo porque me gusta, sin sentido, sin nada, excepto, sentimiento. Sobre todo con sentimiento, porque todo lo que se hace, hay que hacerlo con sentimiento, siempre por algo, siempre de alguna forma. Si es que la vida es eso al final, sentir las cosas. La vida hay dos formas de vivirla: o la sientes, o la entiendes. No hay más. Y yo, pienso sentir cada letra en cada momento, y cada momento malo y bueno, también sentirlo. Cada caricia, cada risa, cada gesto...sentirlo, y sintiendo, se entiende.

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